Bien dice el viejo adagio, mujer pecosa, linda y …

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Una mujer salpicada de pequeñas manchas de sol en su cara no dista mucho de una mujer que no las tenga, pero entender las pecas como parte de la construcción de la belleza, me parece algo entretenido.

Poco o nada nos detenemos a pensar si es una virtud o un defecto y aunque muchas se las quitan con ayuda de cirugías y procedimientos médicos o se las cubren con una gruesa capa de maquillaje, yo me atrevería a decir que las pecas pueden llegar a hacer parte del desarrollo de la personalidad de una mujer.

Vivir la vida cubiertas de una salpicadura de sol que hasta pareciera contar una historia, enfrentarnos al mundo sabiendo que cuando el verano es abrazador, en nuestra piel quedará una nueva marca, una que no es dolorosa, pero sin embargo hará parte de nuestra historia, sería lindo concebirlas como nuestro maquillaje, como un tatuaje natural.

Las mujeres pecosas logran tener un aire inocente, tierno y hasta iluminar su mirada con una expresión infantil. Me gustaría pensar en que todas, absolutamente todas, tenemos en algún lugar del cuerpo una peca, así sea pequeña, la historia del sol sobre nosotras. Y me parece el increíble el proceso en el que al recibir  sol se comportan casi como una planta cuando se le pone agua, se revitalizan y brillan, adquieren algo de vida propia y se lucen sobre la piel.

¿Por qué tapar o quitar, algo que nos hace únicas? ¿Por qué resistirnos a iluminar nuestra cara con un factor natural?

Las pecas han hecho parte de fundamental de muchas historias, películas, libros, anuncios comerciales y otras como el primer encuentro  de Carlos Fuentes con Julio Cortázar y la confusión generada, pues por sus pecas y la inocencia con que por éstas lucía, Carlos pensó que el “muchacho” que abría la puerta era nada más y nada menos que el hijo de Julio.

Este millón de puntitos valdría la pena explotarlos, exhibirlos y sobre todo cuidarlos, hacerlos parte de nuestra historia y de nuestra cotidianidad, porque están a nuestro favor. Quien quita que un día alguien llegue a contar una historia que empiece por nuestras pecas.

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Marcos para ver el mundo

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Me he dado cuenta que los hombres sienten una  ferviente atracción por un tipo de mujeres, las que usan gafas, pero no por todas las que usan gafas, sino por las que las saben llevar. Extrañamente hay mujeres que se transforman, que cambian infinita e increíblemente, no necesariamente son las más guapas, pero detrás de sus gafas son sencillamente una bomba.

Las he estado mirando en los últimos días, intentando descifrar cómo les aportan, cuál es el efecto mágico, porque cuando se las quitan  parecieran perder el encanto. Una amiga me dijo “no son las gafas, son los ojos”. Cuando digo gafas me refiero exactamente a las de ver, no a las de sol.

Cuando una mujer se quita sus gafas, deja de ver el mundo, deja de concebir su universo tal y como lo conoce, se pierde en algunas sombras, tal vez ya cotidianas, pero se abstrae, al ponérselas recupera su lugar en  el mundo, por eso su actitud cambia, por eso se vuelven más fuertes, sexys y decididas, porque nuevamente se hacen participes de su historia.

Las gafas son un accesorio, necesario pero accesorio al fin de cuentas y este debería ser el motivo para lucirlo como tal, para no tener sólo un par, para combinarlo con nosotras, con nuestros días, nuestras noches y hasta nuestros vestidos de gran gala.

No les pasa que ven a una mujer que siempre ha usado gafas sin ellas y parece que le faltara algo? Pues ahí está, son un marco, adornan la cara, embellecen increíblemente. Lo que en la primaria era un problema, ser una “cuatro ojos”, con los años se convierte en una de las mejores cartas a nuestro favor. Eso si, es imprescindible que se dejen asesorar, las gafas que le quedan bien a una, no le quedaran bien a otra, si Jennifer Aniston se ve ultra sexy con un tipo de montura, no quiere decir que nosotras también, la forma de la cara y de los ojos son fundamentales.

Hoy en día cuando la moda se ha convertido en un mix de varias décadas, cuando el proceso individual del vestir es cada vez más fomentado, pues les digo que este accesorio puede ser un gran plus y convertir la necesidad en un artículo a favor de nuestro sex appeal no caería nada mal, verdad?

Mujeres de sangre caliente

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Mujeres de sangre caliente

Después de dos horas de vuelo, aterricé en un lugar, que para serles sincera jamás me habría imaginado así, Lisboa…

Fue rápido darme cuenta del porque fueron los colonizadores de Brasil, no tuve que esperar mucho para notar que este país tenía un deje latino, un “tumbao”.

Entre casas de mil colores y un paisaje que dejó en mi recuerdo un país de pocas nostalgias, se levantaban esculturales mujeres, más latinas, más voluptuosas, más cadenciosas, por unos días escapé de la languidez elegante de la mujer española, escape de la Europa que ya conocía, para internarme en otra, en una Europa que parece estar siempre de fiesta.

Sentada en una esquina, escondida un poco de los 33 grados de temperatura, vi la gente debatir, tomar cerveza, café y entre rubias y morenas estaba ella la mujer portuguesa, era casi placentero verla debutar en su rápido andar por los andenes, tenia el ritmo latino combinado con la elegancia europea, pocos desaciertos al vestir, al maquillarse y menos al poner el paso firme sobre el suelo ya caliente por la saliente primavera.

Las vitrinas empiezan a vestirse de invierno, aun cuando los grados del termómetro están  elevados y aunque en las calles abundan los pasteles y neones, las faldas plisadas y las camisas de jean,  en las tiendas abrigos oversize, chaquetas boxy  y de bolsillos grandes empiezan a cubrir los espacios. Los tonos van cambiando y los grandes diseñadores han mostrado sus cartas  para el final del año. Los descuentos no se hacen esperar, es necesario salir pronto de la mercancía de la temporada ya en curso y dejar espacio para la novedad.

Tuve una conversación telefónica con Colombia, me hicieron una pregunta que me pareció divertida, “Angie, y que se están poniendo allá, cual es la tendencia?”

Intenté dar una respuesta y de pronto entendí que no es la tendencia por lo que ella realmente me preguntaba y que dar una teoría  sacando a relucir materiales, texturas, volúmenes y paletas de color no tendría como resultado una satisfactoria sonrisa, ella quería saber sobre el estilo callejero eso que de las vitrinas adoptan algunas mujeres para mezclarlo  con su estilo de vida, por eso que cada una asume como su moda  y que del mismo lugar se roba para convertirlo en su acierto o desacierto diario. Los escaparates han cambiado ya se visten de otoño, tanto en España como en Portugal, y aunque las prendas a vender son las mismas, cada mujer de cada región y personalidad sabrá darles buen uso, escogerá su predilecta y le dará vida a su manera

A orillas del río Tajo camina y caminará una mujer firme, sensual y de sangre caliente, de sangre latina, que entre sonrisas blancas, pieles canela y pelos crespos demuestran que si esa ciudad cayó en 1755 y se volvió a levantar tan, o más bella que antes, ellas sus mujeres también lo harán, pero la diferencia es notoria, porque ellas se levantaran cada día.

 

Una mujer que se adorna

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Una mujer que se adorna http://www.timwalkerphotography.com/

Hay mañanas en que quisiera sumergir la cabeza en mi caja de accesorios y salir con todo puesto, sé que sería un  poquitín sobreactuado, pero siento que no estaría mal, siento que sería la solución perfecta para adornarme cual árbol de navidad, después de todo  siempre hemos dicho que los árboles de navidad son especiales y hermosos, pero para ser del todo sincera, hay otras mañanas en que no quisiera ni voltear a mirar la caja.

Hay topos que tallan, candongas que pesan, collares hermosos pero que parecen de castigo, esos que al final del día hacen que uno necesite un masaje en el cuello por haber cargado el incalculable peso de la vanidad. Dicen que aretes largos y collar no deben ponerse porque constituyen un exceso, dicen que las tobilleras son para las más hippies, dicen que usar piedras preciosas es sólo para ocasiones especiales…Y si para mi todos los días son una ocasión especial y si hay días en que amanezco hippie, otros en que quiero ser una  elegante dama antigua y otros en que lo autóctono me roba la atención?

Creo que vivimos en un mundo que nos permite ser una todos los días, que nos permite usar cualquier recurso, una joya vintage, una piedra preciosa, una sarta de pepas plásticas y hasta una simple cinta para amarrar a la muñeca junto al reloj, no es posible vivir en el mundo de lo correcto y lo incorrecto, siempre hay más opciones, siempre hay más colores, siempre hay más vida afuera…

Tengo un amigo, uno de esos enamorados de la vida y no hace muchas horas me dijo “Una mujer que se adorna me transmite alegría, me da la impresión de que está feliz de estar viva y por eso se adorna como si fuera siempre una ocasión especial”, me pareció linda su percepción, me llevo a pensar que la mayoría de las tribus indígenas se pintan la piel y “accesorizan” en ocasiones especiales y dentro de la cotidianidad definen sus rangos sociales a partir del número de accesorios que llevan o el tipo de maquillaje que usan. También pensé en lo contrario, en que los lienzos blancos también son llamativos y atractivos. Debe ser lindo para un hombre abrir los ojos y ver una mujer en blanco sin los adornos, sin las pinturas… Una mujer sin  absolutamente nada también evoca muchas cosas bellas.

Está bien saber que una pinta puede cambiar  completamente sólo por los accesorios que usamos, pero está mejor saber que todos los días pueden ser una ocasión especial, que cada día podemos ser una diferente y que todas las noches podemos ser un impecable lienzo blanco…

El inesperado pero necesario retorno.

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Tendencias que se imponen en las grandes vitrinas mundiales,  eventos nacionales e internacionales se inauguran o clausuran, los noticieros informan éxitos contundentes,  se habla de Elsa Schiaparelli y PRADA, de Lanvin y Balenciaga, nombres sonoros para algunas y desconocidos para otras tantas… La cosa es que mientras el mundo de la moda da sus habituales revolcones anuales, nuestras preguntas diarias son mucho más aterrizadas a nuestra realidad.

Veía a una madre, es madre hace un año largo, suena poco, pero en su cara se ve que ha sido año y medio muy largo, seguro ha dormido poco,  prestado más atención al bebé que a ella, seguro fueron varios meses sin pasar por la peluquería y más seguro es que su cuerpo cambió, cambió para dar vida, para traer su mejor creación al mundo, pero ya no es ella, ha dejado de reconocerse como mujer y se le nota…

Nos enfrentamos a depresiones post parto, falta de tiempo, trabajos imparables y casas que se siguen moviendo a velocidades increíblemente rápidas y nosotras? La mujer despampanante que pisa fuerte y jamás deja en casa un kit para retocar el maquillaje? Olvidada entre pañales y teteros, tres cambios de mameluco y ese extraño y antiestético ítem llamado pañalera, ¿Por qué las siguen haciendo rosadas y con conejitos en relieve? O mejor, por qué las seguimos comprando así?

Estoy a favor de la entrega total, pero propónganse que sea temporal, es parte del proceso, el bebé crece y cada vez requerirá menos y nosotras más. Más auto consentimiento, blower, uñas, ropa de nuestra nueva talla y acorde a nuestro nuevo roll, pero  por favor, digan NO a las sudaderas por 5 años consecutivos, NO a la camiseta vieja porque no van a salir de casa y NO rotundo a la pañalera de conejitos, tenemos otras cosas además de un hijo, una vida que seguir una pareja, un grupo de amigas… bailar, tomar café, trabajar, las rutinas cambian el tiempo ahora tiene una prioridad, pero debemos incluirnos dentro de ésta. Es necesario que más pronto que tarde nos volvamos a subir al mundo pero este salto debe ser firme y certero.

Llénense de ideas, absorban información, vean revistas, películas, escojan un formato que las identifique, replantéense como mujeres y recuperen su sex appeal, no se olviden que además de madres son y seguirán siendo mujeres, involucremos ese mundo de mujeres “despampanantes”  y de moda “inalcanzable” en nuestro mundo real.

Para la idea un incentivo… www.style.com

Sexy por dentro

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Caminaba con una amiga por la calle y me dice, “deberías escribir sobre estar sexy por dentro”, se me atropellaron las ideas, pensamientos… ¿Cómo plantear un tema que está más que escrito?, ¿Cómo acercarme a algo tan intimo y personal?. Pero no hacerlo era dejar pasar algo que creo es mayoritario. Entendí que debía entrometerme un poco en ese clic que nos producen algunos cucos, investigar el motivo de su magia y recordar su resultado…

Las mujeres solemos aferrarnos a pequeñas cosas para enfrentar grandes momentos, una medallita, una pulsera, un collar y hasta los calzones, calzones de la suerte, de la seguridad o de yo no se qué, pero les tenemos fe.

Lo bueno de esta prenda, los calzones, es que tenemos muchos, para diferentes ocasiones o pintas, tipos de telas o transparencias. Pero hay unos, los importantes, con los que nos sentimos seguras los que se convierten en nuestro amuleto,  nuestra compañía y hasta  en cómplices; Compañeros y amigos que salen con nosotras los días especiales, que conocen nuestro caminar a la perfección y saben la forma correcta para no desacomodarse, no marcarse, dejarse ver lo estrictamente necesario para luego esconderse entre la ropa nuevamente.

Guardan secretos íntimos y nos dan una seguridad interior extraña pero estable, una sensación de ir sexys por dentro, de tener un potencial arrollador bajo la ropa que lastimosamente nadie puede ver, pero nosotras podemos sentir.

Esto es lo que yo llamaría una cura interior, no es dolorosa, ni es incomoda, no necesita ser retocada como el maquillaje o el peinado, simplemente esta ahí, dispuesta a cambiarnos un día o una noche sin incomodarnos, sin que siquiera la sintamos.

Sabemos que todo se transforma y que ningún día será igual a otro, pero  el resultado con estos cucos es similar, felicidad absoluta. Lo malo es que no es posible ir a un almacén y comprar un paquete gigante de calzones que nos hagan felices, así la calidad sea la misma jamás estarán tan relacionados a buenos momentos, este talismán es único, asegura nuestra protección y alegría y casi con un halo misterioso proporciona sensualidad e irradia seguridad, lo mejor es que nadie puede verlo y sólo algunos tienen el placer de tocarlo.

Cambio de vida, cambio de look…

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Dicen que cuando una mujer cambia su look, es porque está dispuesta a cambiar su vida, no se muy bien si es una teoría exacta o comprobada, pero la leyenda urbana la comparto.

Comparto la decisión de cambio de vida, de momento, de imaginario, comparto la novedad y la satisfacción que produce.

De rubia a morena, de largo a corto, de crespo a liso, es casi una naturaleza de supervivencia, una nueva forma de comprender y disfrutar el mundo.

Cuando una mujer toma la decisión de cambiar, no sólo lo hace con el closet, la distribución de su habitación,  el carro y hasta un par de amigas, somos un poco más radicales, queremos hacerlo desde adentro, desde lo profundo, creencias, errores y si pudiéramos hasta le meteríamos mano al alma.

Pero el pelo es un tema crucial, fundamental y supremamente especial, Pantene hizo hace un tiempo un comercial que decía “si tu pelo esta bien, todo está bien” y no nos digamos mentiras, es absolutamente acertado. No hay peor día para una mujer que en el que ha tenido una batalla campal frente al espejo, con una melena rebelde e incomprensible. Y no hay momento más incomodo que enfrentar el mundo sintiendo que esa maraña a la que normalmente le llamamos pelo nos absorbe, se apodera de nosotras y capta cualquier tipo de atención.

Entonces ponemos punto final y hacemos un cambio, uno de los fuertes. Ese encuentro con nosotras cuando cambiamos radicalmente es maravilloso, nos tomamos un tiempo de reflexión de aceptación, hay hasta un poco de negación y “taaaraaaan”, el mundo está listo para ser devorado nuevamente y  nosotras rejuvenecidas y capaces de convertirnos en sus dueñas y señoras. No habrá divorcio, cambio de ciudad, trabajo nuevo o hijos que nos detengan.

A veces se nos pasan los años queriendo hacer un cambio de look  sin atrevernos, a veces lo hacemos y nos arrepentimos, pero los cambios son fundamentales, nos sacan de zonas de confort, nos impulsan hacia nuevas opciones de vida y nos sacuden un poco y que más da, seguro no nos caería mal un buen exorcismo. Y si al final del camino no nos gusta el cambio, pues no importa, el pelo siempre crece y siempre tenemos una nueva oportunidad de cambiar.